Gracias, Stefania Di Leo por esta oportunidad
Extranjeros
Se
repite en la noche el aullido
de
un animal, ladrando a la luna,
o
a la sabana, o acaso brama sobre el páramo
inhóspito
de nuestra conciencia.
Como
forajidos, se deslizan en las sombras
de
un buque sin destino, hacia el corazón humano
apertrechado
en su incontable avaricia.
Traen
entre sus pies el murmullo de la gacela,
la
sonrisa de un tambor en sus manos
y
una rosa de arena como ofrenda.
Nada
para sortear los arrecifes
ni
siquiera la canción de las caracolas
o
los versos como la nácar.
Aquí,
en el altar de la opulencia, vertida está
la
copa de la compasión y la ternura.
En
este banquete de fieras, no hay bandadas
de
flamencos, ni sitio para el vuelo limpio del cóndor:
el
mundo se ha partido en dos
sin
puentes ni hombros para construirlos,
así
que, ¿adónde vas, collar del viento,
príncipe
de una Ítaca destruida?
No,
muchacho, aquí se guillotinan los sueños,
se
rehúye al extranjero y nos olvidamos
que
todos somos peregrinos.
Vuélvete,
volveos. Mas, ¿a dónde?
Lo
sabes. Lo sé.
Ya
solo queda jugarse, una vez más, la vida.
©Antonia Cerrato Martín-Romo
Badajoz,
11 de agosto de 2023

Comentarios
Publicar un comentario