LAS 7 PALABRAS
CORO DE LA CATEDRAL DE BADAJOZ
PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU
Parece que Jesús ha fracasado,
no ha conseguido bajarse de la cruz, no puede salvarse a sí mismo, todos le
abandonan, hasta el Padre, como asegura la primera palabra, aunque lo más
probable, es que allí estuviera recitando el salmo 22 para que, los
israelitas presentes, notasen que ese salmo estaba proféticamente hablando de él.
En
Jesucristo, el estafador como lo consideró Judas, el tonto que se entregó por
nosotros, nadie me quita la vida, yo la entrego libremente- dirá, pues por Él y
solo en Él, hemos sido salvados.
Todo
lo que Jesús hizo no fue otra cosa que cumplir la voluntad del Padre y todo el
bien que le dejaron. Lo dio cumplidamente, hasta la vida, como rescate de los
hombres, por eso que no se nos olvide que hemos sido comprados a precio de
sangre (Corintios 6:20). No nos entra en la cabeza que nosotros, el mundo, que
el universo entero, fuera creado por amor. Un amor que somos incapaces de
comprender, porque siendo como somos, desde el vientre de nuestra madre, ya nos
quería, digamos más, desde la eternidad, nosotros hemos sido amados, y hasta
tal punto, que entregó a su propio Hijo para rescate de muchos.
Si
desglosamos una a una las palabras vemos cómo Jesús invoca al PADRE,
pero no a ese padre justiciero del trueno y los terremotos, sino ese ABBA,
papaíto, que dice un niño a quien conoce y en quien confía y nos Lo brinda para
que “no como siervos, sino como hijos y herederos” de su gloria, recurramos a Él
en la adversidad.
Ese
abandono a las mejores MANOS, esa confianza, que no certeza de que en el
salto hacia el más allá, lo haremos hacia los brazos de nuestro Padre, sin
miedo porque como dice Isaías: He
disipado como una densa nube tus transgresiones, y como espesa niebla tus
pecados. Vuélvete a mí, porque yo te he redimido. (Isaias44;22).
ENCOMIENDO, sigue, con la confianza filial, dejándolo
todo en Quien sabe lo que está haciendo, que no se haga mi voluntad, sino la
tuya, porque para esto he venido.
MI
ESPÍRITU, es lo único que le queda
por dar, ese aliento de Dios que vive para siempre, y que busca, como la
cierva, la fuente inagotable de su señor.
Todo
un manual de amor y confianza, por si no queremos hacer solos el camino, por si
no queremos hundirnos cuando llega la tribulación, por si como niños, con su
ingenuidad buscamos el pecho querido del Papá.
© Antonia
Cerrato Martín-Romo
Semana Santa, 2024




Comentarios
Publicar un comentario